Y ahí se alzaba ella, la nueva y primera Presidenta
del Gobierno de España, sobre el resto de los españoles. Para engrandecer la
gesta, sus asesores habían decidido que el primer discurso no se hiciera desde
su balcón, sino en el monte, en los pastos, donde ella se sentía más
natural, más acostumbrada a tratar con la gente, quizás intentando emular a
Azaña con sus discursos en campo abierto.
Eran las dos de la mañana y sin embargo aquello
rebosaba de gente, españoles de todas las españas habían venido a verla, a
compartir el triunfo de la Democracia y a celebrar la victoria de su Equipo
(quizás quise decir Partido Político), poco importaba la hora, ellos irían con
ella a donde fuera, pues por una vez habían encontrado una verdadera alternativa
al turnismo político que estaban (estamos) viviendo.
Desde el atril que le habían preparado para su gran
discurso veía pasar mentalmente todo el camino que habia andado para llegar
hasta allí: recordaba el primer día como si hubiera sido ayer, cuando un grupo
de asesores políticos la habían ido a visitar a su contemplativa vida rural y
la habían elegido para liderar lo que sería un cambio de paradigma en los
sistemas democráticos actuales. Sí, ella había sido la elegida para mostrarle
al mundo que por muy corrupto o necrosado que estuviera el sistema aún se
podría reinventar y dar un salto adelante, un paso más en el juego de la
representación popular. Desde entonces el tiempo había pasado fugaz como un
meteorito, y enseguida comenzó a aparecer en todos los medios de comunicación,
tanto dando entrevistas en las que sin decir nada, lo decía todo, como
exponiéndose a grandes masas de seguidores para que la adoraran como un ídolo
antes incluso de empezar el discurso.
Y ahí estaba de nuevo, contemplando la sencillez de su
pueblo, y la sinceridad de un sistema que ahora, con ella, se libraba al fin de
sus máscaras y mostraba su verdadera naturaleza. Y habló:
-¡Muuu! - Proclamó la vaca, y la multitud, extasiada,
lloró al ver como su nueva presidenta cagaba en el escenario mientras seguía
pastando. Al mismo tiempo, los asesores, se felicitaron por su excelente
trabajo, y el resto del mundo observaba anonadado hasta qué punto era capaz de
llegar la Marca España.
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