La aprobación por el Consejo de Ministros de la Reforma para la Ley de Propiedad Intelectual, que aún deberá pasar por las Cortes (donde previsiblemente no habrán cambios sustanciales), plantea una importante contradicción entre las ideas políticas que siempre ha defendido el PP y los intereses económicos que ahora dicen proteger.
A nadie se le escapa que tradicionalmente el PP se ha erigido como el principal defensor, e impulsor, del (neo)liberalismo en España, buscando siempre incentivar al sector privado favoreciendo las inversiones, privatizando las empresas estatales, y adelgazando al máximo las regulaciones del mercado para facilitar que la libre competencia se convirtiera en la base del progreso.
Sin embargo, y dejando a un lado las numerosas políticas que, por "culpa de la herencia recibida" o el "contexto económico y social", han llevado a cabo contradiciendo no sólo su programa electoral sino lo más básico de su tesis ideológica, la realidad es que esta reforma, que podríamos situar en un plano de urgencia bastante similar a la de la reforma de la Ley del Aborto -es decir, completamente innecesaria-, destaca con luz propia dentro del conjunto de actuaciones llevadas a cabo por el Gobierno.
viernes, 14 de febrero de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
De la Ley del Aborto y las maneras del PP
La política del PP de gobernar en solitario, sin buscar el mínimo
apoyo de otros grupos parlamentarios, me parece lógica, que no
correcta, en lo que a medidas económicas se refiere, pues para algo
tienen mayoría absoluta. Pero en lo que se trata de temas sociales
que cuentan con la oposición del resto del Congreso, así como de
gran parte de la población, su manera de gobernar se acerca mucho a
la definición de despotismo.
La decisión de Gallardón de sacar adelante una Ley del Aborto
claramente retrógrada, extemporánea, y completamente parcial, rompe
con el espíritu mismo de la Democracia, algo a lo que en verdad nos
estamos empezando a malacostumbrar.
Es cierto que la Ley anterior, aprobada por el PSOE cuando aún
gobernaba, tenía algunos flecos inadecuados pero corregibles, como
la posibilidad de que una menor abortara sin ni siquiera el
conocimiento de sus padres, pero nos traía una novedad que
compensaba con muchos los errores que tuviera: el derecho a decidir
lunes, 25 de noviembre de 2013
De otro relato aislado
A veces no hace falta que sea el día mundial de algo para recordarlo un poco y tenerlo siempre en la cabeza. Puede que esta entrada no esté muy relacionada con los temas que trato normalmente en el blog, pero al final la intención siempre es hacer pensar un poco, y como tenía esto un poco abandonado creo que es una buena manera de retomarlo.
lunes, 29 de julio de 2013
LA GRAN PRESIDENTA
Y ahí se alzaba ella, la nueva y primera Presidenta
del Gobierno de España, sobre el resto de los españoles. Para engrandecer la
gesta, sus asesores habían decidido que el primer discurso no se hiciera desde
su balcón, sino en el monte, en los pastos, donde ella se sentía más
natural, más acostumbrada a tratar con la gente, quizás intentando emular a
Azaña con sus discursos en campo abierto.
Eran las dos de la mañana y sin embargo aquello
rebosaba de gente, españoles de todas las españas habían venido a verla, a
compartir el triunfo de la Democracia y a celebrar la victoria de su Equipo
(quizás quise decir Partido Político), poco importaba la hora, ellos irían con
ella a donde fuera, pues por una vez habían encontrado una verdadera alternativa
al turnismo político que estaban (estamos) viviendo.
sábado, 6 de julio de 2013
De un relato aislado
A pesar de llevar casi dos años sin trabajar, Julián
madrugaba, sin saber muy bien por qué, de la misma manera que lo hacía en los “buenos
tiempos”. Más de una vez su mujer le había preguntado por susurros a través de
las mantas, que por qué no se quedaba con ella un rato más, que por qué no
descansaban juntos por un día y se aislaban de sus problemas; a lo que Julián
siempre deseaba responder con un beso que al final siempre se traducía en un
silencio precedente a los primeros rayos de sol.
Sin mucho interés, miraba lo que había para comer, y tras un
hondo suspiro de resignación, se hacía un bocadillo o se tomaba una tostada
cruda sin mantequilla, un condimiento al que consideraba desde hacía ya mucho
tiempo un lujo casi tan prescindible y necesario como el café, que nunca había
acostumbrado a tomar pues creía que la mejor manera de despertarse era dar un
paseo guiado por el gélido y confortante viento de la madrugada.
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